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		<title>Mi auto, mi espacio</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 13:08:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[Leí hace poco que viajar es un medio para un fin: llegar a casa. Me puse a pensar la relación que hay entre mi auto y mi casa, sobre todo ahora que me mude sola. Entonces me di cuenta que el auto no es solo un medio para, sino que se trata de una parte [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leí hace poco que viajar es un medio para un fin: llegar a casa. Me puse a pensar la relación que hay entre mi auto y mi casa, sobre todo ahora que me mude sola. Entonces me di cuenta que el auto no es solo un medio para, sino que se trata de una parte vital de una mudanza. Además, convengamos que a veces el auto es como tu casa. Ir y venir ochenta veces con baúl cargado de todo tipo de bartúlalos, cajas, libros, ropa, muebles y cualquier otro efecto personal insospechado se convierte de golpe en una rutina que una aprende a querer. Agradezco a estas serviles cuatro ruedas que  sin objeciones trasladan todas mis pertenencias. Incluida la mesa ratona! Por eso, pienso que el auto no es solamente &#8221;llegar a casa&#8221; sino que es &#8221;armar tu casa. ‘‘Es un proceso durante el cual una se  da cuenta que podría perfectamente vivir dentro de su auto, que guarda todo tipo de soluciones femeninas indispensables: pinturas, medias, camperas y hasta carteras en la guantera. No es una forma de decir que cuando no encuentro el rimmel, un chaleco,  una crema o las llaves de mi casa, ya sé dónde buscar. Eso sí, la pregunta que me acecha es si  podré encontrarlos. Aunque ustedes no lo crean, no es tan fácil: más todavía porque, pasados los meses, los escondites habituales se convierten en recovecos indescifrables. Lo bueno de todo esto es que el auto es definitivamente un segundo hogar que puede sorprendernos un día cualquiera: la cartera más linda, esa que no encontrabas desde hace tres meses de repente aparece debajo del asiento y podes usarla justo cuando menos lo esperabas.</p>
<p>Luisa Montoreano.</p>
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		<title>Pensamiento</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 13:07:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[La veo. ¿Es una mariposa? Es una mariposa que vuela en el asiento de atrás. Va para un lado, para el otro. ¿Cómo habrá llegado hasta ahí? Sube y baja, da vueltas en el aire, ¿qué busca? ¿Está atrapada la mariposa? El ruido de los autos alrededor me llama la atención, me distraigo con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La veo. ¿Es una mariposa? Es una mariposa que vuela en el asiento de atrás. Va para un lado, para el otro. ¿Cómo habrá llegado hasta ahí? Sube y baja, da vueltas en el aire, ¿qué busca? ¿Está atrapada la mariposa? El ruido de los autos alrededor me llama la atención, me distraigo con el tráfico, con los carriles exclusivos, las calles que cambian de mano, los peatones que cruzan por todos lados. Me pongo nerviosa, pero la mariposa no se altera, ella flota en el espacio cerrado, agita sus alas en el silencio hermético del auto y se posa sobre la luneta. Prendo las balizas y me detengo a un costado de la calle para poder verla mejor. Me doy vuelta y sigue ahí, moviendo sus antenas. La miro, intentando no hacer ningún movimiento brusco para que no se asuste. Las alas de la mariposa son de colores: azul, negro, violeta, naranja y amarillo. Es hermosa y frágil. Quiero agarrarla, quiero sentirla en mi mano, quiero que siempre descanse en mi luneta. Estoy llegando tarde al trabajo. No me importa. Me desabrocho el cinturón de seguridad, me arrodillo contra el respaldo de mi asiento y la contemplo. Es tan delicada. Afuera la frecuencia es otra, los autos siguen su curso. Una moto pasa muy rápido, tan cerca que toca el espejito lateral, el motoquero desde la moto, sin frenar en ningún momento, se da vuelta y me grita algo, pero no lo entiendo. Bajo la ventanilla un poco pero sigo con mi mariposa. Con cuidado, me paso al asiento de atrás, está a pocos centímetros de mí ahora. Estiro la mano, trato de acariciarla pero cuando acerco mis dedos, levanta vuelo y se aleja. Mueve nuevamente sus alas y recorre el espacio de auto. Se posa sobre la cabecera del asiento del acompañante y la sigo con la mirada. Continúa su vuelo y ahora se apoya sobre el tablero. La ventanilla del conductor sigue abierta, se puede ver un poco de cielo. La mariposa se arrima a la ventana volando despacio, se detiene y con sus patitas se agarra del borde del vidrio. Lucha contra el viento que se cuela desde afuera y quiere desprenderla y llevársela. Ella se aferra al vidrio. El viento la envuelve, le gana y la veo irse. Quedo sola, sentada, pensando en la mariposa. Escucho bocinas que me piden que salga del camino.</p>
<p>Agustina Arias.</p>
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		<title>Las piedras y mi auto</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 13:04:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja todo (menos el auto)]]></category>

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		<description><![CDATA[No me alcanzaban las manos para sostener los casi seis metros de ventana que tengo en el living. Esos vidrios, dobles con cámara de aire,  deben ser lo más caro de la casa. Y las piedras de granizo que veía pegar contra ellos eran del tamaño de mi puño. Sin exagerar. En el medio del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No me alcanzaban las manos para sostener los casi seis metros de ventana que tengo en el living. Esos vidrios, dobles con cámara de aire,  deben ser lo más caro de la casa. Y las piedras de granizo que veía pegar contra ellos eran del tamaño de mi puño. Sin exagerar.</p>
<p>En el medio del ruido ensordecedor de la tormenta endemoniada mi marido se iluminó para sugerir que bajemos las persianas. Es que estábamos  hipnotizados mirando el fenómeno! Había que elegir entre el paisaje o los ahorros. Le ganamos la batalla al granizo y al morbo y lo logramos.</p>
<p>Quedamos entonces encerrados preguntándonos si finalmente había llegado el fin del mundo. Y sospechamos que el remise que esperaba a mi consorte cuando se desató el temporal estaría ya llegando a San Pedro arrastrado por el agua y que mi marido tendría que ir al aeropuerto nadando.</p>
<p>No habíamos terminado de respirar profundo cuando recordamos que teníamos como una casa de electrodomésticos en el playroom. Ahora lo que no nos daban eran las patas para subir las escaleras, dispuestos a dejar la vida protegiendo todos esos chiches maravillosos que tan felices nos hacen. Las nenas bien, gracias.</p>
<p>En el play llovía más que afuera. No se cuántas tejas se rompieron (Con los años a veces me amparo en la ignorancia, en contra de mis más profundos principios). Chapotenado, literalmente, guardamos todo lo que se enchufa, y que en casa además se conecta,  en otro cuarto y bajamos ahora si a tomar aire.</p>
<p>Total el auto estaba en la cochera de la esquina. Un primer piso cerrado. Religiosamente pagamos la cochera de la esquina. Carita la cochera. Una sola claraboya de vidrio hay en la cochera. Grande la claraboya y grande la cochera. 50 años tiene ahí esa claraboya. Se rompió. Arriba de mi auto. Pobre auto, vidrios y granizo. Yo se que no es lo peor que te puede pasar. Pero no hay derecho-</p>
<p>En ese momento, cuando la tormenta ya estaba amainando y ni el calor se había llevado la muy desgraciada, y mientras mi marido se subía al remise y se iba de viaje yo, obvio, entré en modo <em>todo me importa nada</em>.</p>
<p>Que siga el<em> play</em> inundado, total yo tengo Internet y en el play no vivimos. Del techista que se ocupe el hombre de la casa cuando vuelva, sobre todo porque aunque quiera no queda en todo Vicente López una teja disponible. Cotizan en la bolsa por estos días. Esperemos que pase el furor y recemos para que no llueva mientras tanto.</p>
<p>Mi cuñado sugirió que en Utilísima debería haber un programa especial para enseñarte a cortar el nylon en forma de luneta. Y una compañerita de la mayor le comentó a su mamá que su papá estaba afuera, embalando el auto. Delicias de la vida diaria.</p>
<p>Ya logré que me dieran otra cochera, como para no tentar al destino y morir empalada por un vidrio rezagado,  y ahora veremos de qué se hace cargo el dueño. Tendrá que elegir, o se hace cargo de mi auto o se hace cargo de mi perseverancia. Pobre hombre.</p>
<p>Ya se yo que estamos vivos y que a recuentos de daños no ha sido tanto. Sin ir más lejos tengo conocidos que tiene un saldo mucho más negativo. Y no soy tonta, se de tantos desconocidos que la deben haber pasado realmente mal con el granizo, sobre todo porque la venían pasando realmente mal desde antes.</p>
<p>Sólo que no puedo evitar pensar que a veces, aunque pongas todo de vos, ni te dan las manos ni te dan las patas. Y eso debería ser una señal. Nunca está de más anoticiarte de que aunque salves las ventanas y protejas la wii, ahí, cuando te sentás canchero a respirar, se te cae una claraboya de vidrio gigante sobre aquello que creías seguro.</p>
<p>Reparadora la idea, no?</p>
<p>No deja de ser un baldazo de humildad que, con suerte, te obliga a agacharte… y ya que estás ahí abajo, es una buena oportunidad para juntar los pedazos.</p>
<p>Y de rebelde nomás, sigo enamorada de la lluvia. Aunque a veces las piedras me hagan pelota el auto.</p>
<p>Beta.</p>
<p>Segui a Beta en su blog: <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://mujermadreyargentina.blogspot.com/">http://mujermadreyargentina.blogspot.com</a></span></p>
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		<title>Donde hubo fuego</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 21:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[Está amaneciendo. Es el final de una noche larga  y el principio de un día nuevo. Manejo por Figueroa Alcorta a la altura del jardín japonés. Estoy cansada y tengo calor, pero faltan pocas cuadras para llegar a mi casa. Casi en la esquina de Sarmiento, me llama la atención un auto azul que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: 10pt;">Está amaneciendo. Es el final de una noche larga  y el principio de un día nuevo. Manejo por Figueroa Alcorta a la altura del jardín japonés. Estoy cansada y tengo calor, pero faltan pocas cuadras para llegar a mi casa. Casi en la esquina de Sarmiento, me llama la atención un auto azul que se adelanta y me pasa por la derecha. Dirijo la  mirada para observar al conductor. No alcanzo a reconocer si es hombre o mujer, joven o viejo. Me duelen las piernas y tengo una contractura terrible en la espalda. Freno en el semáforo, justo detrás del auto azul. Miro la patente. No lo puedo creer. Me refriego los ojos, miro de nuevo. Es mi antiguo auto azul. Los rayos de luz dorada rebotan de costado en su chapa azul brillante. Veo que las ruedas están enceradas. El corazón me empieza a latir más fuerte. Está hermoso, está impecable. Tiene los vidrios polarizados. Pienso en cosas, pienso en los viajes por la ruta 2, en los 4 años de facultad que iba y volvía por Paseo Colón, en el ruidito que hacía el limpiaparabrisas en los días de mucho frío. Sigo con los ojos fijos en él, me siento en trance. Me acuerdo de la noche que me quedé dormida llorando en el asiento de atrás. Bajo la ventanilla y una brisa fresca que me roza la piel. Se me viene a la mente la imagen del compartimiento que tenía el auto azul para guardar monedas. El semáforo se pone en verde, el coche de atrás me hace luces y toca la bocina con fuerza. El auto azul ya arrancó. Yo también avanzo. Tengo que doblar por Sarmiento, pero el auto azul sigue derecho. No puedo sacarle los ojos de encima al auto azul. Freno a un costado del parque y pongo las balizas para poder seguirlo con la mirada. El auto azul pasa a uno, a dos, sigue avanzando y yo hechizada. Lo veo alejarse, cada vez más rápido, se aleja y se aleja hasta que el túnel lo hace desaparecer.</span></p>
<p><span style="font-size: 10pt;">Agustina Arias.</span></p>
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		<title>Vacaciones para todos</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 20:59:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando te vas de vacaciones, a veces también esta bueno darle unas vacaciones al auto. Claro, dejar el auto en casa tiene sus pros y sus contras. Lo extrañás porque te lleva a todos lados incondicionalmente, pero también puede volverse esclavizante. Más si no sos una asidua conductora, como es mi caso. No soy de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando te vas de vacaciones, a veces también esta bueno darle unas vacaciones al auto. Claro, dejar el auto en casa tiene sus pros y sus contras. Lo extrañás porque te lleva a todos lados incondicionalmente, pero también puede volverse esclavizante. Más si no sos una asidua conductora, como es mi caso. No soy de esas que se consideran “fierreras” y se enorgullecen de su auto al punto de cuidarlo como si fuera un hijo.    </p>
<p>Cuando no estás al volante en vacaciones, te ahorrás lidiar con el tráfico inhumano, habitual en los típicos lugares turísticos;  te olvidás de tener que hacer siempre el pool de una punta a la otra. Porque al final, hasta el que tiene auto prefiere no sacarlo para evitarse unos cuantos dolores de cabeza, o permitirse que -al menos- éstos sean producidos por cervezas o brebajes de colores, que, no te confundas, se ven muy lindos pero tienen la potencia matadora de un tractor, mientras vos pensabas que se parecía más a un jugo de naranja.</p>
<p>Podés ir distraída escuchando música, o hablando despreocupada mientras tu amiga, la pilota de turno o, mejor dicho, la de siempre, debe tener cuatro ojos para evadir maniobras estúpidas de los tuneados más cancheros, o que al menos se creen cancheros, sobre todo si dejan la colección de calcomanías que les fueron pegando durante toda la temporada en el vidrio de atrás, para que todos nos enteremos de lo que hizo dia y noche. Y no te quepa duda de que se trata de alguien que quiere que te enteres de que está en “la movida” que, aunque por momentos puede ser divertida, también es agobiante y pegajosa. Ahí nomás pienso, menos mal que no estoy manejando.</p>
<p>Soy libre, pero sé que tengo los días contados porque sólo un par de semanas después, de vuelta a la rutina, encuentro el auto con telarañas en el espejo retrovisor que se reproducen una y otra vez mágicamente de la noche a la mañana. Y me doy cuenta: en definitiva lo extrañé y aunque lo cuido peor que peor, responde como ninguno. Sabe que lo necesito para circular por una Buenos Aires que me da una muy acalorada bienvenida, pero en la que, por suerte, todavía falta mucha gente por llegar. Es un enero tranquilo para manejar en la ciudad, porque, contrariamente a mi teoría, todo el mundo exige y depende de su auto mucho más en vacaciones que en cualquier otro momento del año.</p>
<p>Luisa Montoreano.</p>
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		<title>Plantar un árbol</title>
		<link>http://www.mujeresalvolantedietrich.com/blog/plantar-un-arbol/</link>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 16:58:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja todo (menos el auto)]]></category>

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		<description><![CDATA[Plantar un árbol. Escribir un libro. Tener un hijo. Bajar de peso. Tomar clases de canto. Aprender a manejar.  Empiezo por el principio. El árbol mejor no lo planto, una parte importante de madurar es conocer las propias limitaciones. He logrado que se mueran hasta los cactus. Eso lo tacho. Para que cargar con frustraciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Plantar un árbol. Escribir un libro. Tener un hijo.</p>
<p>Bajar de peso. Tomar clases de canto. Aprender a manejar. </p>
<p>Empiezo por el principio. El árbol mejor no lo planto, una parte importante de madurar es conocer las propias limitaciones. He logrado que se mueran hasta los cactus. Eso lo tacho. Para que cargar con frustraciones innecesarias? </p>
<p>El libro todavía no lo escribí, pero tengo un blog. No, no es lo mismo, pero desde hace 10 años que escucho sobre la muerte del papel. No me lo creo, pero me sirve como atenuante. Entonces, el libro no lo escribí pero es sólo una cuestión de continente. El de la imprenta. La acción, la de escribir, está. La base. No lo tacho, pero al menos lo puedo subrayar. </p>
<p>Hijos tuve dos. A falta de uno. Igual cuenta por uno, no las nenas que valen por 100 (Y no sólo en el buen sentido), sino que no es que como de esto hice dos puedo restar otro. Es como sumar peras y manzanas, no se puede. Y dicho sea de paso, eso es lo único que entendí de las matemáticas en toda mi vida. Tacho lo de hijo. Lo que puedo hacer, aunque sea por propia satisfacción en tachar con dos líneas. Así nadie se pone celoso. </p>
<p>Bajar de peso, eso si. Este año me dediqué a estar más liviana, y eso incluyó la masa corporal. No es un detalle menor. Plantar, manejar, cantar… y hasta tener un hijo son cuestiones más sencillas cuando no se tiene lastre. Más fácil para uno y para los demás. </p>
<p>Con las lecciones de canto aún no me metí. Con el curso de manejo tampoco. Pero por lo menos he escrito al respecto. Dicen que hay que decir para que sea. Lo diré hasta el cansancio, hasta que sea una necesidad además de un propósito.   </p>
<p>Cuando las campanadas de las 12 ya forman parte del pasado y se apagaron los últimos fuegos artificiales del 31 comienzan las tardes serenas del verano que invitan a la reflexión. Junto con la última hoja del calendario es posible arrancar otras cosas. Barajar y dar de nuevo. Animarse a mirar las cartas de frente. Enero es el mes de los sueños. Es el mes del futuro. </p>
<p>Aceptar que nunca voy a plantar el árbol. Seguir escribiendo. Y saber que puedo manejar liviana mientras canto a viva voz con mi amor y con mis hijas. </p>
<p>Y vos? Que ruta elegís para el 2010? </p>
<p>Valgan los buenos deseos y la conducción y el trabajo en la dirección correcta para que ocurran.</p>
<p> </p>
<p>Beta.</p>
<p>Segui a Beta en su blog: <span style="TEXT-DECORATION: underline"><a href="http://mujermadreyargentina.blogspot.com/">http://mujermadreyargentina.blogspot.com</a></span></p>
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		<title>Pi, pi, pi&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 14:51:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja todo (menos el auto)]]></category>

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		<description><![CDATA[Íbamos cantando a viva voz, todo el viaje, como un mantra que apuraba la llegada. “En el auto de papá nos iremos a pasearrrr”. Desde nuestra niñez, Pipo Pescador y los caminos a Mar del Plata hasta el día de hoy mucha agua ha pasado bajo el puente.   Somos de generaciones posteriores a las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Íbamos cantando a viva voz, todo el viaje, como un mantra que apuraba la llegada. “En el auto de papá nos iremos a pasearrrr”. Desde nuestra niñez, Pipo Pescador y los caminos a Mar del Plata hasta el día de hoy mucha agua ha pasado bajo el puente.</p>
<p> </p>
<p>Somos de generaciones posteriores a las generaciones que colonizaron el carnet como un logro para las mujeres del mundo. Manejar es para nosotras algo más que tener la “libertad” de llevar a los nenes al colegio, a danza, a futbol, a ingles, etc.</p>
<p> </p>
<p>Es que si vamos contentas porque llevamos torta no necesariamente la hemos tenido que cocinar nosotras.</p>
<p> </p>
<p>Con esa idea fui rauda a hacer el curso de manejo. Grandecita ya, aunque nunca es tarde cuando la dicha es mucha.</p>
<p> </p>
<p>Estaba embarazada y embarazosa. Con nauseas y sueño. No era exactamente el mejor momento. Odiaba a la humanidad toda y eso incluía al instructor. Recuerdo sin embargo la sensación de las manos en el volante y el camino por recorrer. Grato es el recuerdo. Era otoño además y las calles que manejé estaban llenas de hojas doradas y el olor y el sol y el crujir, todo se confabulaba para que entre arcada y arcada el mundo y el auto se pusieran a mis pies.</p>
<p> </p>
<p>Es que manejar, hoy que ya es la norma, es para las mujeres mucho más que conducir. Tiene que ver con las sendas que se abren, con tomar un volante (o lo que sea) con las dos manos. Manejar te obliga a mirar para adelante. A estar atenta y despierta. A “atender despierta” varias cosas a la vez. A respetar y a exigir respeto. A tomar el lugar que te corresponde para evitar el caos. A ponerte el cinturón, pero para avanzar.</p>
<p> </p>
<p>Pareciera que manejar es, por naturaleza, algo que las mujeres debemos hacer. Combina con nosotras. Somos compatibles.</p>
<p> </p>
<p>Nos quedan bien los autos y los caminos. El asiento del acompañante a veces y el de conductor otras. Está bueno que, genéticamente tengamos la capacidad de ser llevadas a donde necesitemos, pero también es genial poder llevarnos a nosotras mismas por el carril que se no anote a destinos llenos de sol.  </p>
<p> </p>
<p>No terminé el curso en ese momento, pero lo retomo ahora. No estoy embarazada y no estoy embarazosa. Quién dice, capaz hasta lo termino y la próxima vez que saben de mi les puedo contar, sospecho que cerca del humor, los detalles de la experiencia.</p>
<p> </p>
<p>Las invitaré entonces,  sin dicotomías sexistas que me ponen de mal humor, a enseñarles a nuestros hijos otra versión para que puedan alternar. Y no pasará mucho tiempo, estoy segura, y los oiremos cantar: “En el auto de mamá, nos iremos a pasear”.</p>
<p> </p>
<p>Vamos de paseo?</p>
<p> </p>
<p>Beta.</p>
<p>Segui a Beta en su blog: http://mujermadreyargentina.blogspot.com</p>
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		<title>Pensamiento mágico</title>
		<link>http://www.mujeresalvolantedietrich.com/blog/pensamiento-magico/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 13:09:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi primer auto fue sinónimo de libertad, independencia, autonomía, movilidad y todos los primos y hermanos que se quieran asociar a estas palabras. En realidad, más que palabras, el Atos, mejor conocido como el “lulimóvil,” significó un cambio de vida. Tenía 18 años. No les digo cuántos tengo ahora para que no hagan cuentas que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi primer auto fue sinónimo de libertad, independencia, autonomía, movilidad y todos los primos y hermanos que se quieran asociar a estas palabras. En realidad, más que palabras, el Atos, mejor conocido como el “lulimóvil,” significó un cambio de vida. Tenía 18 años. No les digo cuántos tengo ahora para que no hagan cuentas que me  delaten, cuando les cuente lo que viene a continuación. Lo que sí, si bien el Atos tenía un lugar especial en mi corazón (fuentes poco fidedignas pueden confirmar que le hablaba como a un niño), lo que les quiero contar sucede en su sucesor: un 206 automático.</p>
<p>Tengo libre estacionamiento. O sea, la oblea de discapacidad pegada en el vidrio de adelante y el de atrás ¿Esto qué implica? Tengo libre estacionamiento. Lo repito intencionalmente. Voy por el mundo como quien flota en una nube. Voy y vengo, sin demasiadas consideraciones de las consecuencias. Me bajo donde quiero. No es en vano entonces que uno se sorprenda (incluso yo misma), cuando en un intento de estacionamiento por demás errado pincho una yanta en Juncal y Paraná. La cuadra era toda mía.  Si uno se pregunta cómo pasan estas cosas, es mejor no indagar. Hay dos opciones. Estacionar a un metro del cordón o  “cordonear” (si este término existe)  violentamente en un fracasado intento de perfección.  La segunda alternativa fue mi preferida, ¡nada menos que dos veces en dos semanas!</p>
<p>En esta primera ocasión, agarro mis bastones, me bajo pensando “no fue nada, no fue nada” como si por repetirlo internamente, este deseo se convirtiera en realidad. Incluso, le pregunto al portero de enfrente, que mira azorado, si opina que pinché una goma. “No, nena, anda tranquila nomás.” Escucho algo parecido a un pzzzzzzzzzz. “Señor, ¿está seguro? Mire que me parece que pierde aire…¿no?” <em>Que me diga que no, que me diga que no</em>, de vuelta recurro a la salvación del pensamiento mágico. Definitivamente mi poder metal no funciona, y dada la brusquedad de la maniobra, mi muñeca, tampoco.</p>
<p>Yo de cambiar gomas ni idea, bastante que sé que existe la goma de auxilio pero no sé ni donde está.  Pensamiento mágico, pensamiento mágico. Si llamo al seguro por esta pavada me van a tener tres horas esperando. Miro al portero con complicidad a ver si se le ocurre mover un dedo. A esta altura, está parado como un poste, como si la situación le fuera completamente ajena. Algo de razón tiene. Pero ni con toda mi buena voluntad voy a lograr encontrar el gato. No pasan ni treinta segundos desde que me pregunto qué hacer…cuando de repente veo a mi prima y al marido que me saludan a tres pasos de distancia. Justo a tiempo. Increíble. “Ale”, le digo a él, me parece que pinché goma.” Ya era un hecho, pero mi mangazo tenia que sonar sutil. “Uy, si hubiéramos sabido nos cruzábamos de vereda”, me contestan entre risas. Y, obvio, se querían matar. Pero, en dos minutos él ya estaba inspeccionando el manual a ver en qué vericueto estaban las herramientas tan desconocidas para mi mundo entre las nubes. Y ahí nomás, se ocupó de todo mientras mi prima y yo lo mirábamos de charla en charla. Hasta el portero le puso garra, tan amargo que parecía. Y también aprendí algo: ¡el pensamiento mágico funciona! Porque de tuercas ni hablemos; y del segundo yantazo a los tres días tampoco.</p>
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		<title>80 por favor</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 19:05:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja]]></category>

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		<description><![CDATA[Brutos. Son brutos, ya sé.  Se te tiran encima, te asustan, te acorralan, son así. Son de los que no respetan la burbuja personal, esa distancia que naturalmente mantenemos cuando interactuamos con otros. Quiero hablar de esto, porque cuando una va con el auto tranquilamente por Las Heras o por Santa Fe, ellos te tiran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Brutos. Son brutos, ya sé.  Se te tiran encima, te asustan, te acorralan, son así. Son de los que no respetan la burbuja personal, esa distancia que naturalmente mantenemos cuando interactuamos con otros.</p>
<p>Quiero hablar de esto, porque cuando una va con el auto tranquilamente por Las Heras o por Santa Fe, ellos te tiran el colectivo encima desesperados y una piensa que atrás viene la ambulancia con la Madre Teresa de Calcuta enferma, un motivo así solamente puede hacer que se arriesguen a causar un choque en cadena. Sin embargo, no viene ninguna ambulancia. ¿Será que estaban esquivando un perro callejero? Tampoco. Quizás intentaban zafar de un bache, debe ser eso. No, nunca es eso. ¿Qué es entonces? No es nada. Simplemente querían pasar primero.</p>
<p>Y una que viene cuidando su burbujita, que va al spa para bajar la tensión, medita dos veces por semana para abrir los chakras, y sale a correr para contactarse con la naturaleza, no sabe cómo reaccionar. Una que protege ese lindo espacio para que nadie lo invada, porque es íntimo y sagrado, ¿qué siente en esa situación?</p>
<p>Siente que se van acercando demasiado a la burbuja hasta que la encierran contra el cordón, y entran y la pisotean, la llenan de humo negro bien contaminado, tocan la bocina, vuelven a doblar, frenan de golpe y arrancan sin cerrar la puerta.</p>
<p>Y yo les pido, por favor, respetame. Respetame la burbuja, respetá el espacio personal de mi auto porque cuando yo subo al colectivo digo “80 por favor” y no me tiro arriba de tu asiento, ni te pego en la cabeza con la cartera o me paro al lado tuyo violentando tu esfera.</p>
<p>¿Ustedes se creen que a ellos les preocupa? No, les pido que no se engañen porque no les preocupa absolutamente nada de esto, porque a ellos no les importa la proxémica, ni  se interesan por las distancias o por las burbujas sagradas.</p>
<p>Pero yo no creo que esta sea la única posibilidad. A veces me imagino, que esos mismos que nos acorralan, en el fondo sólo buscan llamarnos la atención. Que por adentro son caballeros, amables, cariñosos. Sé que algunos secretamente dicen “buen día, ¿qué tal? ¿Cómo está usted?” o quizás “qué tiempo loco el de hoy, ¿no?, o tal vez, algún piropo. Me imagino que frenan despacio y ayudan a las señoras a subir los escalones del coche, o les preguntan a los pasajeros qué música prefieren escuchar. Por ahora, tengo la esperanza de que alguna vez, los vea desde ahí arriba haciéndome una seña con la cabeza y diciéndome con la mirada: “pasá, pasá vos primero”.</p>
<p> </p>
<p>Agustina Arias.</p>
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		<title>Máxima velocidad</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2009 15:56:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[La que maneja todo (menos el auto)]]></category>

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		<description><![CDATA[Me desperté a las 8:45, y me quería morir…..tenía que estar a las 9:00 en la otra punta de la ciudad, porque tenía una reunión de planificación con mi equipo de trabajo, donde mi lema era “ los horarios se hicieron para se cumplidos y por respeto al prójimo” y “siempre debemos predicar con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me desperté a las 8:45, y me quería morir…..tenía que estar a las 9:00 en la otra punta de la ciudad, porque tenía una reunión de planificación con mi equipo de trabajo, donde mi lema era “ los horarios se hicieron para se cumplidos y por respeto al prójimo” y “siempre debemos predicar con el ejemplo”.</p>
<p>Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo, y ahora que hago ?. Salí despedida de mi cama y mientras me cambiaba; llamaba a un taxi, me lavaba los dientes, buscaba mis botas marrones y juntaba todo el material en el que había estado trabajando.</p>
<p>Por favor Sr, lo mas rápido que pueda!!!!!!, necesito llegar urgente, le dije al taxista&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;y de repente me puse a pensar……..Soy tan independiente en mi vida, que debería hacer el curso de manejo y tener mi auto…..Si, que lindo sería! Yo manejando, escuchando la música que quiero, yendo a dónde quiera sin depender de nada ni nadie. Guau!</p>
<p>Una semana mas tarde estaba en el ACA empezando ese curso que durante años postergué. Había mucha gente, la mayoría eran jóvenes, que iban en busca de su primer registro de conducir. La parte teórica fue rápida, pero la práctica me invadió de pánico. No sabía como hacer con tantas cosas, los cambios, el embrague, el freno…..y todo esos conos naranja por delante…y en ese momento pensé:  Quién me mandó a meterme en esto??.</p>
<p>El resto de las clases fueron realmente una pesadilla. Choqué con un árbol que estaba muy cerca de uno de los cordones. Otro tema desgastante fueron la vallas que sinceramente las sentía tan pero tan cerca que siempre las tiraba. Mi instructor tenía la cara desencajada de tantos llamados de atención que me hacía. Yo estaba exhausta y el ya se había dado por vencido. Decidí  terminar con todo esto!!!!!!!!&#8230;</p>
<p>Puedo ser ama de casa, ser una dedicada mamá, cocinar ricos postres, trabajar en una empresa y ser una excelente empleada,  pero eso sí,  por ahora todo lo hago en remise, taxi,  colectivo, tren y subte. Pero no me doy por vencida. La semana que viene retomo el curso de de manejo. Lo único que espero que no sea el mismo instructor!!</p>
<p> </p>
<p>Natalia.</p>
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